Supongo que todos, en mayor o menor manera, en alguna relación de pareja mas o menos estable, te llegas a plantear la misma pregunta: esto me lleva a algún sitio? merece la pena continuar?..... La mayoría de las veces la respuesta es negativa: no, no lleva a ningún sitio y no, no merece la pena, pero..... porqué seguimos?
Todos nos volvemos cómodos, la seguridad de la rutina hace que nos cueste tomar una decisión, pero algunos, al final tenemos esa pequeña chispa que hace estallar la pólvora de la determinación y al final, decides separarte.
En mi caso hubo tres intentos. El primero fué a los dos años de casados. Fué un domingo volviendo del pueblo. Le dije que tenía que hablar con él y como no pudo esperar a llegar a casa, en el mismo coche se lo dije: quiero la separación... Cómo llegas a ese punto? Cómo dedices tomar el valor suficiente para soltarlo a bocajarro? Es sencillo (o complicado según se mire)
Hay un libro, "La princesa que creía en los cuentos de hadas", de Marcia Grad, en el que la protagonista siempre hace, en todas sus decisiones importantes, una lista con pros y contras. Anota los pros y los contras, los revisa y al final decide por la secuencia más larga. Yo hice más o menos parecido. Por aquél entonces yo tenía 28 años y la verdad es que no pensaba pasarme toda la vida viendo como una sombra hacía una huella en el sofá, día a día. No pensaba pasarme el resto de mi vida cocinando, planchando y esperando en casa a que mi pareja decidiera sorprenderme un día con alguna cosa especial: una rosa robada del rosal de los jardines del parque de al lado de casa, una piruleta de corazón, o una tarde paseando por la playa sin el miedo horrible a manchar el coche de arena....
El caso es que si planteas el hecho de pasarte unos 50 años mirando la tele, yendo de rallyes, pasando los domingos tomando cervezas en el bar del pueblo con los chavales, y demás actividades adolescentes, sin otro aliciente que el hecho de levantarte cada día para ir a trabajar, hacer la comida, las cosas de la casa mientras esperas a que tu marido llega a casa y se tumba en el sofá.... no va a dar un paseo contigo porque le duele la rodilla, no sale en bici porque sus 120 kilos no son movibles, y no se mueve porque está cansado a las 6 de la tarde de trabajar..... pues llega un momento en que te planteas que aquello es una agonía y que tu eres muy joven y como joven necesitas vivir la vida.
Volviendo al párrafo anterior, cuando veníamos del pueblo, yo ya había hecho mis valoraciones, no quería pasar el tantos años sin motivaciones ni ilusiones ni sorpresas y eso debía de cambiar. Fué difícil tomar la decisión, pero peor era pensar en no vivir durante los años venideros. Como es de imaginar, lo que vino después fué peor: llamó a sus padres, llamó a los míos y aquello fué una romería. Hay que imaginar un pressing catch, en el que todos van contra tí, porque eres la mala, la que ha tomado la decisión de romper una relación y dividir una familia que unió Dios en sagrado sacramento: debes ir a un psicólogo matrimonial a que os ayude con este bache porque sois jóvenes y estáis perdidos.... (cara de sorpresa!!)
Cuando estás en el colegio, no hay una asignatura en la que aprendas cómo separarte, cuando debes y cuando no, cuales son los motivos válidos y cómo lo debes hacer. Así que cuando te lo planteas por primera vez, y te sugieren que debes ir a un psicólogo, pues piensas que (con tu autoestima por los suelos) igual tienen razón, que puede que te hayas precipitado, que estés equivocada, que no tienes experiencia en estos lares y efectivamente necesites esas "clases particulares" para aprenderte bien la asignatura del matrimonio y la buena esposa.
Ante esto solo cabe decir una verdad inmutable que te resistes a creer y que desgraciadamente solo aprenderás por experiencia propia y no ajena: NADIE CAMBIA. Tenía un amigo psicólogo clínico, que desgraciadamente desapareció. Me dijo que las personas no cambian, si acaso maduran o evolucionan algo, pero la esencia sigue ahí. Yo me resistí a creerlo, "el mío no" es la frase del millón, pero después de 8 años de matrimonio y tres intentos de arreglarlo, te das cuenta de que dicha premisa, desafortunadamente, es cierta.
domingo, 10 de junio de 2012
jueves, 7 de junio de 2012
Cuenta atrás
Hola,
la verdad es que no se por dónde empezar..... Lo lógico sería por el principio, pero no soy una persona lógica, así que empezare por el final.
Hoy me encontré con mi ex-suegra. Siempre fué una persona discreta y educada, y hoy también lo fué. Cuando me la encontré de frente a la salida del tren, pensé que se alegraba de verme, que todo el mal de este úlitmo año había pasado...... pero no, era una sonrisa camuflada, no era falsa, solo disfrazada de venganza. Es una pena que a mis 36 años todavía sea tan ingénua, que piense que la gente es buena y no puede o quiere hacer daño, pero estaba muy equivocada. Se limitó a espetarme frases en un tono sereno y bajo, para que nadie oyese su indignación, para que a pesar de su rabia, nadie, solo yo, me diese cuenta de lo dolida que estaba.
Fueron los 10 minutos mas horribles de mi último año. Después de la separación y de haberlo dejado todo atras, por fin, tomaba otra vez las riendas de mi vida y existía un mañana. Por fin podía hacer planes, establecer una rutina y sentirme segura de que mañana mis planes seguirían siendo míos y no que estuviesen en manos del destino o del capricho de otros.
El caso es que me la encontré, y de repente toda la añoranza de mi vida pasada se borró de un plumazo, como intentando recordarme porqué habia llegado hasta aquí. Tomé la decisión de separarme después de 8 tediosos años en los que el sofá, los rallyes y los blancos del domingo dominaron cada semana de ese agónico matrimonio. Quería escapar de ese matrimonio sesentero en el que ambos acuerdan tácitamente embarcarse en la segura rutina de una vida marital sin objetivos o ilusiones. Las semanas pasaban y se repetína continuamente como si nuestra vida en pareja hubiese entrado en bucle.
Todo eso hizo que la rutina diera paso al desamor y a posteriori, al divorcio tan tempranamente anunciado.
A pesar de esta agonía, me acordaba del calor de sus abrazos, de los años de noviazgo, de sus tiernas palabras, de todas aquellas cosas buenas que son minoría, pero que te aferras a ellas porque son lo único que te queda en un barco llamado a naufragar y que te resistes a abandonar.
Pero al encontrarme con mi ex-suegra, fué como un bofetón de esos que te daba tu madre porque habías hecho alguna trastada y te lo habías ganado a pulso. Todo lo que me dijo en esos breves y a la vez eternos 10 minutos fué horrible: no atendiste a mi hijo, no le cocinabas, no le planchabas, te gastaste su dinero (y yo trabajando y ganando para nuestros gastos...... eso no cuenta).... etc. El caso es que la máquina del tiempo me llevó a la época medieval en la que las mujeres valían menos que nada, lo único para ser amas de casa que devían servir a sus maridos
Así debía ser yo? En pleno siglo XXI? O es que habíamos retrocedido dos siglos y no me estaba enterando? En ese mismo momento la añoranza dió paso al reafirmamiento de que el paso dado había sido por algo y es por el hecho de que era hora de cambiar de vida y había que echarle huevos....
la verdad es que no se por dónde empezar..... Lo lógico sería por el principio, pero no soy una persona lógica, así que empezare por el final.
Hoy me encontré con mi ex-suegra. Siempre fué una persona discreta y educada, y hoy también lo fué. Cuando me la encontré de frente a la salida del tren, pensé que se alegraba de verme, que todo el mal de este úlitmo año había pasado...... pero no, era una sonrisa camuflada, no era falsa, solo disfrazada de venganza. Es una pena que a mis 36 años todavía sea tan ingénua, que piense que la gente es buena y no puede o quiere hacer daño, pero estaba muy equivocada. Se limitó a espetarme frases en un tono sereno y bajo, para que nadie oyese su indignación, para que a pesar de su rabia, nadie, solo yo, me diese cuenta de lo dolida que estaba.
Fueron los 10 minutos mas horribles de mi último año. Después de la separación y de haberlo dejado todo atras, por fin, tomaba otra vez las riendas de mi vida y existía un mañana. Por fin podía hacer planes, establecer una rutina y sentirme segura de que mañana mis planes seguirían siendo míos y no que estuviesen en manos del destino o del capricho de otros.
El caso es que me la encontré, y de repente toda la añoranza de mi vida pasada se borró de un plumazo, como intentando recordarme porqué habia llegado hasta aquí. Tomé la decisión de separarme después de 8 tediosos años en los que el sofá, los rallyes y los blancos del domingo dominaron cada semana de ese agónico matrimonio. Quería escapar de ese matrimonio sesentero en el que ambos acuerdan tácitamente embarcarse en la segura rutina de una vida marital sin objetivos o ilusiones. Las semanas pasaban y se repetína continuamente como si nuestra vida en pareja hubiese entrado en bucle.
Todo eso hizo que la rutina diera paso al desamor y a posteriori, al divorcio tan tempranamente anunciado.
A pesar de esta agonía, me acordaba del calor de sus abrazos, de los años de noviazgo, de sus tiernas palabras, de todas aquellas cosas buenas que son minoría, pero que te aferras a ellas porque son lo único que te queda en un barco llamado a naufragar y que te resistes a abandonar.
Pero al encontrarme con mi ex-suegra, fué como un bofetón de esos que te daba tu madre porque habías hecho alguna trastada y te lo habías ganado a pulso. Todo lo que me dijo en esos breves y a la vez eternos 10 minutos fué horrible: no atendiste a mi hijo, no le cocinabas, no le planchabas, te gastaste su dinero (y yo trabajando y ganando para nuestros gastos...... eso no cuenta).... etc. El caso es que la máquina del tiempo me llevó a la época medieval en la que las mujeres valían menos que nada, lo único para ser amas de casa que devían servir a sus maridos
Así debía ser yo? En pleno siglo XXI? O es que habíamos retrocedido dos siglos y no me estaba enterando? En ese mismo momento la añoranza dió paso al reafirmamiento de que el paso dado había sido por algo y es por el hecho de que era hora de cambiar de vida y había que echarle huevos....
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